A mi blog se le fue el fondo! Cuando me haga un tiempito lo arreglo...

Vertical

El más pistola. El más poronga. El más banana. El más pija.

Todas estas son frases de una sociedad tetosteronizante, en la cual cuanto más macho sos, más “piola” y con más autoridad moral y política. Porque los verdaderos hombres ponen los huevos sobre la mesa.

Las pelotas. Las bolas. Los cojones. Los culeones. Los testículos.

El falo. El miembro. El pene. El pito. El pirulín. La pichona. El sable. El palo. La verga. La anaconda. El rabo. La tararira. El pingo. El nabo. La picha. El pomo.

Algo tan importante en nuestra sociedad que se le han dado tantos nombres como contextos ameriten su referencia. Porque es omnipresente. Porque está hasta donde no debe.

Cuando se habla de pecados se lo incluye. Cuando se habla de santidad se lo excluye.

Hasta cuando se habla de lesbianas lo ponen en el medio. Hablan de su falta. De su necesidad (¿?)

Una travesti debe ocultarlo pero tenerlo. Un hombre debe usarlo. Si no penetra, no hubo sexo.

Un varón gay debe definirse sí o sí como activo o pasivo. Estúpido pero real.

Si una mujer está nerviosa es porque “le falta una buena pija”. Si un tipo está de mal humor es porque “hace rato que no la pone”.

Cuando se habla de cultura se habla de “penetración”. Cuando alguien demuestra lo que sabe hace una “ponencia”. Cuando un verdadero hombre no está de acuerdo con el jefe o el gobierno que “se la puso” con el último convenio, debe hacer un “paro”. Las construcciones se “erigen”. Y la lista continúa…

Desde el hombre que espía el tamaño de quien está en el mingitorio de al lado, hasta la madre que busca en la ecografía ESO que marca la diferencia. Desde el adolescente que se mira al espejo mientras se masturba, hasta el anciano que compra pastillas para sostener la única parte de su cuerpo que necesita funcional para ser digno.

Estamos literalmente “atravesados” por un gran pene. Si alguna vez lo representaran en el cine, la gran teta de Woody Allen pediría indemnización por daño moral.

Por un mundo menos vertical…

Sáquennosla que nos duele.

El hombre menos pensado

Era tarde. Muy tarde. Abandoné la cama y con pereza salí a su encuentro.

Cuando abrí la puerta su figura se me antojó extraña, desemejante. Lo había deseado. Lo había pensado. Lo había previsto.

Sin embargo, al cerrar la puerta para internarme junto al recién llegado en la soledad de mi casa, la sensación era que aquél que yo imaginaba seguía aún del otro lado de las paredes. Cuántas veces me pasó...

Hasta que me besó.

Tenía el cuerpo de otro. Las manos. Los huesos. La lengua. Los ojos. Sabía diferente. Olía diferente. Hablaba diferente. Temblaba diferente.

Pero besaba igual.

En ese instante, mi galán de sueños y novelas se esfumó para siempre. Herido en su orgullo partió cabizbajo hacia las fantasías de otro que lo esperara con el ramo en la mano. En su sitio quedó éste, tan terrenal, tan REAL, tan deseoso de que otro fuera su hidalgo caballero.

Casi podía leerse en nuestras miradas una suerte de decepción, mezclada con una excitación intensa, criada y añejada para estrenarse esa noche, aunque con otros que ahí no estaban. Y en esa mezcla rara, el humor de nuestros ojos revelaba algo tan curioso como incitante. Nos gustábamos.

No éramos aquellos, éramos éstos. Y poco tiempo pasó antes de que nos convirtiéramos en “nosotros”.

Como el agua que llena un cuenco hasta su borde más exacto. Como ese cuenco que la contiene en su totalidad. Así encajábamos en nuestra particular desemejanza.

No nos soñamos distintos. Soñamos a otros, tan seductores como ideales. Y cuando el sueño pareció cumplirse, se tornó una extravagante realidad, maravillosamente superior.

Escenas escritas de antemano para otros protagonistas se desvanecieron para darle paso a otras más genuinas, improvisadas, desprolijas, hermosas. Momentos de incertidumbre, de pasión, de diversión, de realidad, de completud. Recuerdos más perdurables.

Aquel perfume perfecto, encerrado en el frasco que se agota en si mismo, fue suplido por la fragancia verdadera, natural, esa que cuando se conoce permanece y no se olvida.

¿Quién se conforma con una plaza después de andar el bosque?.

Original, como el pecado. Ese sello que nos unta la carne desde el nacimiento hasta la muerte.

Tontos, lelos, distraídos, desenfocados, confundidos el uno con el otro. Hasta el hartazgo. Así anduvimos un tiempo, entremezclados, sorprendidos cada día de ser uno para el otro la pieza que faltaba en su propio rompecabezas.

Hasta que un día abrimos la ventana, y el viento, guerrero y renovador, voló todas las fichas. La imagen perfecta jamás soñada se deshizo en el aire sin dejar rastro. Un tornado implacable secó de pronto el amor en el que estábamos empapados.

Tan secos quedamos que ni las lágrimas acudieron a nuestra despedida.

Otros cantares, otros andares, otros sudores, otros hedores. Otros.

Hubo nuevas versiones reducidas de aquellos cuadros que nuestras piezas formaban juntas. Las disfrutamos. Probamos otras carnes, otros manjares, otros jugos.

Pero no pudimos volver a empaparnos.

Imitaciones disecadas. Peinados rígidamente perfectos, pero sin movimiento.

Deshidratados pero felices. Así nos quedamos, haciendo estatuas con arena seca. Formas incompletas, volátiles, desnudas de todo sostén. Ni siquiera un desafío.

Pero nos gustan los desafíos.

Y como los rompecabezas están hechos para jugar, barajamos las fichas y dimos de nuevo. Hoy las fichas son más grandes, más elaboradas, más complejas. Y como en un puzzle sin guía ni modelo finalizado, estamos pensando que el resultado será tal o cual cosa, sin sospechar que cuando por fin acabemos por unir nuestras piezas, lo que encontraremos será tan completo como impensado.

escrito por Dani el 05/03/2008 a las 1:15 AM

Soy un CHANTA

Este post va dedicado, como en la tele, "a todos los que me conocen". Y a los que no.

Hace meses inauguré este espacio, escribí un par de textos y ahí quedó todo. No más actualizaciones, no más textos nuevos, no más respuestas a los comentarios (perdón).

Para mí la escritura es una pasión, y con el tiempo he descubierto (pobre ingenuo sabelotodo) que la pasión no es algo permanente, salvo para los fanáticos. A ellos, mi respetuoso desacuerdo.

Así que como "pasiones son amores" y el amor es algo que uno hace de vez en cuando pero dura toda la vida, acá estoy divagando de nuevo.

Chanta!

Eso mismo dijeron algunos amigos de la casa. Y como hoy decidí volver a escribir, se me ocurrió que lo mejor era demostrarles que (no) estaban equivocados... Y para variar, vuelvo con definiciones.

Según la Wikipedia:

El verbo chantar tiene varios significados, algunos de ellos derivados del gallego; fuera de Argentina significa ‘clavar’ y por metáfora: ‘vestir’, ‘poner’; esta segunda acepción se relaciona etimológicamente con el significado de ‘arrojar’, ‘decir algo agraviante directamente —en el rostro— al agraviado’ (Ejemplo: «Se lo chantó en la jeta»).
Otro significado es ‘dejar esperando a alguien’, ‘no acudir a una cita’ (sinónimo: «clavar», «dejar plantado»). Sin embargo la palabra "chanta" deriva de la del dialecto campanio cianta-puffi (‘clava-clavos’).

Sí, los dejé clavados... Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa...

De este modo se llamaba a los que hacían trabajos improvisados o mal concretados; por extensión, en Argentina la palabra chanta ha venido a significar alguien que no es de fiar, que carece de palabra creíble, que es poco o nada responsable o que no se compromete e incluso al que finge verosímilmente cualidades positivas de las que carece.

Este blog (no) es ejemplo de eso...

Surgido el vocablo "chanta" en un contexto histórico muy próximo al de la picaresca, durante el s. XX «el chanta» ha pasado a ser un modo de ser que ha caracterizado a gran parte de la población argentina y entre esta población ha llegado a tener cierta simpatía y connotaciones de picardía o viveza.

Mi mámele miente! no soy único entonces?

Más cerradamente, en el lenguaje tumbero o púa (es decir la jerga carcelaria o incluso de «la pesada») "chanta" alude al gil, al abúlico, al que voluntariamente se ha contagiado una enfermedad para así eludirse («se dio la chanta»), al parecer este significado surgió entre los confinados en la antigua «peni» (penitenciaría) de Ushuaia en donde la vida del penado era tan difícil que varios preferían contagiarse de tbc tragando los esputos de enfermos para así, en lo posible, ser sacados de tal cárcel aun sabiendo la casi segura muerte por la enfermedad. «Tirarse a chanta»: ‘dejarse estar, abandonar las obligaciones’.

Sin palabras... ahora entiendo porque además de chanta decían de mí eso de "es puto, es puto"


Bueno, fuera de esta torpe y corta (en el sentido de vuelo literario) presentación bis, quiero contarles que como por amor escribo y no me atormenta ningún amor por estos días, decidí empezar posteando algunos textos que escribí oportunamente a mis amores pasados.

Con el perdón de mis amigos Chris y Pao, que de textos saben mucho, los invito a que los lean, y si tienen ganas, critiquen, opinen, etc... es decir, que compren los clavos que este chanta viene a colocar sin oficio en su blog.

Les chanto mis saludos y un beso en la jeta
Dani

GENIAL

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sin palabras